Silver Cloud III fue la tercera evolución de una serie de modelos que llegó al mercado por primera vez en abril de 1955.
El Rolls-Royce
Silver Cloud III Drophead Coupé fue el cabrio más noble, exótico y caro
de su tiempo, un lujo que sólo se podían permitir unos pocos hace 50
años.
Estrellas del cine, líderes de las finanzas y familias
reales eran los únicos que podían acceder al vehículo que debutó en el
verano (boreal) de 1963.
El Silver Cloud III era la tercera
evolución de una serie de modelos que llegó al mercado por primera vez
en abril de 1955 y que de los que en total se fabricaron 9,000 unidades.
En el otoño de 1962, en el Salón del Automóvil de Earl Court, en
Londres, se presentó como berlina clásica. Pocas semanas después
llegaron las versiones coupé y coupé Drophead, como tradicionalmente se
llama a los modelos cabrio de Rolls-Royce.
De esas versiones se
ocupó el fabricante de carrocerías Mulliner Park Ward, que modificó la
trasera de la línea de lujo de 5.40 metros de largo y colocó una
cubierta de tela sobre los cuatro asientos. También cambiaron la parte
frontal para hacer el coche distinguible aún desde la distancia por los
faros dobles y la parrilla.
Del Silver Cloud III se fabricaron en
total menos de 3.000 ejemplares. De los dos biplazas de Mulliner Park
Ward se hicieron respectivamente 41 y 100 unidades antes de que la
producción pasara en 1966 a Silver Shadow.
Quien se sube a este
Rolls-Royce parece estar sentado sobre un trono. Los pies se hunden en
una mullida alfombra y los asientos permiten una visión panorámica por
encima del largo capó y de la tradicional figura que culmina el
radiador.
Mientras el techo está cerrado, los pasajeros se pueden
sentir tan protegidos como un rey o una reina. Si se aprieta un botón y
tras una pequeña eternidad, la capota se pliega hacia atrás y deja a la
vista a los ocupantes del vehículo a una altura que permite que quien
pase por la calle los contemple desde abajo, como debe ser con un
elitista Rolls-Royce.
Por ello, quizás lo mejor sea escapar de las
miradas y disfrutar del vehículo descapotable en la carretera. Allí
donde las calles están vacías y las curvas son anchas el Silver Cloud se
transforma casi en un globo dirigible que planea por el paisaje.
¿Adoquinado?
¿Ondulaciones? ¿Baches? El Rolls-Royce supera esos obstáculos sin que
el ocupante siquiera se percate de su existencia. Los pasajeros se
sienten como en una nube de algodón.
El motor V8 da al Rolls-Royce
un sonido y una sensación casi mística. Por aquel entonces, la firma
británica no daba datos técnicos de potencia. "Suficiente", era lo que
se les decía durante años a los clientes y a los competidores. Con el
tiempo, el secreto se destapó: el motor de 6.2 litros y ocho cilindros
en el eje trasero genera 220 caballos y cuenta con un cambio automático
de cuatro marchas.
Aunque no es suficiente como para que se le
compare con un deportivo, tiene suficiente fuerza para que el Silver
Cloud se mueva sin esfuerzo a pesar de sus dos toneladas de peso. Y la
velocidad máxima de hasta 200 km/h tampoco está mal.
Con 50 años y
una cantidad de ejemplares que no llega a la centena, el Silver Cloud
III Drophead Coupé es una rareza en el panorama de los coches clásicos.
Es extraño que uno de las pocas unidades se ponga a la venta, y si
alguien lo encuentra debe estar dispuesto a gastarse mucho dinero: se
piden de 150,000 a 200,000 euros (de 194,000 a 260,000 dólares) por un
modelo que aún funcione, según las bolsas de coleccionistas de Internet.
Obviamente
es mucho dinero por un viejo cabrio de lujo, pero no tanto si se
compara con el actual Phantom Drophead Coupé. Aunque se produce diez
veces más que su antecesor, por lo que ya no es tan raro, el precio de
partida es de 453.985 euros (590.000 dólares).
En el caso del
modelo clásico se añade también que es difícil de reparar y restaurar.
Incluso la firma alemana BMW, que cuenta con uno en su museo, envía su
ejemplar a un especialista en Londres.
SUAVE COMO EL ALGODÓN, CARÍSIMO Y EXTREMADAMENTE RARO.. SOLO EL Rolls-Royce Silver Cloud III.. (:




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